Extrañaba esa sensación. Esas
ganas de sonreír incontenibles, el leve
temblar de mis manos, una cómoda ansiedad y una mente desbordada en promesas y
sueños hacia mí mismo. Que buen día he tenido. Que inmensa la capacidad de la
vida, y de las personas, para hacer que un segundo sin aliento se dilate hacia
el infinito en una continúa felicidad.
Gracias. He sabido y he olvidado,
pero también he recordado.
El exceso de vida terrenal es
perjudicial para la salud. Ley de la vida, ley del alma. A veces nos olvidamos
de sentir, a veces nos envolvemos en lo que sentimos y no reflexionamos, no
encontramos ese sentido hermoso que tiene la vida.
Llevo tanto tiempo sin expresar
lo que siento que este texto se ha convertido en mi catarsis. Vivir enfocado en
asuntos palpables, en lo material y en lo terrenal del humano, es negar la
propia naturaleza, es anular el universo que llevamos en cada uno de nuestros
átomos.
Recuerdo que un hombre se atrevió
a imaginar, y que murió bajo el acero. A veces, como a él, la vida nos golpea fuertemente
con su lado material, duro y frío. No me importa, pues el calor y el fuego de mis
universos, de mi alma, me muestran lo infinito, lo metafísico, lo divino. Y
así pasen años sin apreciarlo, sin tener
un segundo de paz para envolverme en la infinita belleza, días como hoy llegan….
y recuerdo. Qué bonito El día en que (te) leí.

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